Cuarenta y tres años de autogobierno: Canarias avanza ante nuevo desafíos
Casimiro Curbelo

El 30 de mayo no es solo una fecha de celebración. Es, sobre todo, una fecha de memoria y de compromiso. Hace 43 años, con la primera sesión del Parlamento de Canarias, esta tierra comenzó a ejercer de forma efectiva su autogobierno. Aquel día no se resolvieron todos los problemas del Archipiélago, pero sí se abrió un camino: el de una Canarias capaz de decidir más cerca de su gente, de ordenar sus prioridades y de defender sus singularidades.
Desde entonces, Canarias ha cambiado profundamente. Hemos construido instituciones, reforzado servicios públicos, ampliado derechos, modernizado infraestructuras y situado al Archipiélago en el mapa económico, turístico y social de España y de Europa. Hoy somos una autonomía más preparada, más conectada y con mayor capacidad para afrontar los grandes retos de nuestro tiempo.
Pero el Día de Canarias no debe servir para instalarnos en la autocomplacencia. El mejor homenaje a quienes pusieron en marcha el autogobierno es mirar de frente la realidad. Y la realidad nos dice que, aunque Canarias crece, ese crecimiento no llega con la misma intensidad a todos los hogares. Generamos riqueza, pero no siempre la distribuimos bien. Tenemos cifras económicas positivas, pero convivimos con pobreza estructural, salarios insuficientes, dificultades para acceder a una vivienda y una burocracia que, demasiadas veces, aleja las soluciones de quienes más las necesitan.
Ese es el gran reto de esta etapa: no crecer más sin preguntarnos para qué, sino crecer mejor. Crecer para que un joven pueda emanciparse en su isla. Para que una familia trabajadora no destine la mayor parte de su salario al alquiler. Para que una persona mayor no espere meses por una prestación o una operación. Para que vivir en La Gomera, El Hierro, La Palma, Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife o La Graciosa no determine las oportunidades de nadie.
El autogobierno ha sido útil cuando ha servido para mejorar la vida cotidiana. Y debe seguir siéndolo. Por eso, Canarias necesita estabilidad política, sentido común y capacidad de acuerdo. No necesitamos ruido estéril. Necesitamos decisiones, presupuestos que se ejecuten, viviendas que se construyan, listas de espera que se reduzcan, ayudas que lleguen a tiempo, centros educativos que abran futuro y una economía que genere el empleo y bienestar real, en ese camino estamos.
También necesitamos defender con firmeza nuestra condición singular. Canarias no es una comunidad autónoma más. Somos una región ultraperiférica, fragmentada, alejada del continente y con sobrecostes permanentes derivados de su insularidad. Y ante esta realidad debemos consolidar el REF como instrumento de justicia territorial, de mano de una nueva financiación autonómica, y medidas fiscales singulares para las Islas Verdes.
El futuro de Canarias exige diversificar la economía sin renunciar al turismo, pero haciendo que el turismo genere más valor social; proteger el sector primario; acelerar la transición energética con garantías; ordenar el crecimiento demográfico; atender el fenómeno migratorio con humanidad y corresponsabilidad; y asegurar que la cohesión territorial no sea una frase, sino una política medible.
Este 30 de mayo nos recuerda hacia dónde debemos ir: hacia una Canarias más justa, más equilibrada, más sostenible y más capaz de convertir su crecimiento en oportunidades reales. Cuarenta y tres años después, el autogobierno ha sido para bien, aunque nos quedan conquistas de gran actualidad por alcanzar.