Comprar en Navidad, ética y racionalidad

  • ¿Somos una masa manipulable por las empresas y necesitamos un Leviatán que nos dicte qué debemos comprar o tenemos criterio propio y buscamos satisfacer nuestras necesidades de manera responsable?

En estas fechas es habitual encontrarnos con campañas de consumo responsable, que apelan a una mayor reflexión, por parte de la población consumidora, a la hora de realizar las compras navideñas. Administraciones públicas y organizaciones de consumo, entre otras, nos recuerdan que es importante introducir criterios éticos, responsables y sostenibles en nuestras decisiones de gasto. A decir verdad, son numerosas las ecuaciones que se nos presentan y en distinta amplitud. Así, las indicaciones pueden consistir solamente en que compremos aquello que necesitamos realmente o ser más profundas, invitándonos a que seamos conscientes de las consecuencias que tienen, sobre el medio ambiente o sobre terceras personas, nuestros actos de compra.

A menudo, además, se interpela a la ética, tratando de que nos cuestionemos si nuestro comportamiento de consumo está sujeto a determinados valores. Es en este último aspecto, el de la ética, cuando el terreno se vuelve más resbaladizo. Tendemos a examinar al detalle las cuestiones éticas en los actos de compra de los demás, obviando, en la mayoría de las ocasiones, el nuestro. Sucede así cuando nos preguntamos si es ético comprar online, hacerlo a determinadas empresas o en el Black Friday, por ejemplo. No obstante, el campo de acción es mucho más amplio. Así, podríamos hablar de la ética de comprar en establecimientos donde no trabajan personas o donde existe la posibilidad de pagar en cajas automáticas. Avanzando un paso más, podríamos preguntarnos sobre la ética de comprar una mascota (un perro, por ejemplo) y abandonarla cuando no nos conviene tenerlo, o de comprar una cierta raza, a sabiendas de que existen miles de perros abandonados esperando un hogar, o hacerlo destinando recursos a alimentarlo y cuidarlo, cuando miles de personas mueren de hambre en otros países. Podemos seguir ensanchando el debate tanto como queramos. En las aulas, a diario, se plantean cuestiones de esta naturaleza. La formación en Economía, como ciencia, implica enseñar al alumnado a utilizar los cauces adecuados para que las diferentes posturas se sitúen dentro de la toma de decisiones bajo condiciones de certidumbre y responsabilidad.

La aportación de la Economía es valiosa en tanto intenta explicar las relaciones entre las variables que pretendemos estudiar y plasmar estas relaciones en información que pueda ser usada por las personas. En este sentido, se apela a la responsabilidad de las personas, las cuales tomarán decisiones en función de la información disponible. Se trata de que sean las personas quienes elaboren los juicios de valor oportunos y no la Economía. De fondo, se halla una cuestión muy antigua, ¿somos una masa manipulable por las empresas y necesitamos un Leviatán que nos dicte qué debemos comprar y cómo comportarnos o, tenemos criterio propio y buscamos satisfacer nuestras necesidades de manera responsable? En el primer de los casos, nos descargaremos de responsabilidad. Habremos cedido nuestra libertad al Estado, quien determinará qué es bueno y qué es malo. En el segundo, toda la responsabilidad de nuestros actos recaerá sobre nosotros, en el ejercicio de nuestra libertad individual.

Con esta reflexión, cuya finalidad es que en estas fechas valoremos en mayor medida los actos de compra que vamos a realizar, y utilizando la información de que disponemos, analizaremos a través de un simple ejercicio, la evolución del gasto de los hogares españoles en navidad. Recurriendo a datos estadísticos, se ofrece en la siguiente tabla información sobre el gasto estimado durante las campañas de navidad en los últimos años para que, de su lectura, podamos concluir si el comportamiento de los hogares españoles es, o no, racional.

En los últimos diez años, el gasto medio en navidad, en relación al gasto anual de los hogares, se ha reducido en casi un punto (2,99 en 2006 frente al 2,17 en 2017). Si atendemos a la relación entre el gasto en navidad y el salario medio, observamos que ha disminuido en casi dos puntos (4,27 en 2006 frente a 2,39 en 2017). Si representamos la evolución de estas variables (gasto medio de los hogares en navidad, total y salario medio), en base 100, podemos advertir cómo ha ido disminuyendo durante los últimos años, manteniéndose, en todo caso, su crecimiento por debajo de la dinámica del gasto total. Esto nos hace pensar que los hogares españoles reflexionan sobre sus decisiones de consumo y que su conducta es racional y acorde con el momento del ciclo económico y con sus expectativas, situación que nos aleja de una visión “consumista” de los hogares españoles y nos acerca a una realidad que se antoja más responsable.

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