La emigración gomera a Venezuela, recuerdos de José Chinea

Se llamaba José Chinea Chinea y a sus 88 años de edad fue entrevistado por el periodista Daniel Millet para dar testimonio de una partecita, no sé si la más audaz, de su historia de vida. La entrevista tuvo lugar en el salón de su casa, ubicada en el barrio de El Cardonal[2]. Y es que este hombre, de frente ancha, pelo grisáceo, ojos oscuros y mirada profunda, tenía mucho que contar. Había sido uno de los pasajeros del Telémaco, ese legendario barco que con 171 canarios pobres a bordo, entre los que había una mujer, surcó el océano para huir del hambre, de la injusticia y de una España franquista y caciquil.

En aquel motovelero, que zarpó de Valle del Gran Rey (Isla de La Gomera) un 9 de agosto de 1950, también viajó el poeta popular tinerfeño Manuel Navarro Rolo (1907-1979), el mismo que inmortalizara las dificultades de la travesía transoceánica en sus célebres Cincuenta Décimas[3], donde con enorme sencillez y fidelidad relata lo que fueron viviendo durante los más de 30 días que duró el viaje. Yo sólo voy a recordar ahora el contenido de la Décima Nº 42, cuando esos navegantes clandestinos llegan a la Isla Martinica y son atendidos por los negros antillanos:

TELÉMACO-2los blancos por más valor
muy poco se distinguieron,
más espléndidos lo fueron
los señores de color
demostraron con amor
más nobleza y dignidad;
la gratitud y lealtad,
lo que nunca olvidaremos,
a quien todos les debemos
humana hospitalidad.

Manuel Navarro destaca la hospitalidad y el buen trato recibido. Si uno no supiese la fecha en la que sucedió esto hasta podría llegar a pensar que pasó hace un par de siglos. Sin embargo, la realidad en una simple cuenta matemática nos muestra que apenas han pasado 63 años desde la década de 1950 hasta nuestros días. José Chinea no sólo fue uno de aquellos sobrevivientes a tan audaz y osada travesía, sino que además es un coetáneo o bien de nuestro bisabuelo, o abuelo, o padre. Es decir, no hace tanto que esa España pobre buscaba fuera las posibilidades que se le negaban dentro.… Demasiada actualidad podríamos pensar en este mismo instante, pero volvamos a aquel año y a la entrevista, no perdamos el rumbo…

“P:-¿Por qué se fue a Venezuela?

– Vivía en Valle Gran Rey[4]. Tenía 31 años. En las calles se escuchaba que se estaba organizando un viaje para Venezuela. En aquel tiempo la vida era imposible en Canarias. Sólo salías adelante si tenías un terrenito donde sembrar y cuidar animales. Encima, había circunstancias que lo complicaban todo. Yo estuve siete años, desde los 18, en el Ejército y el bando franquista me llamó para ir al frente en la Guerra Civil. Estuve en el Ebro. Fue muy duro. Uno pisaba sobre los muertos. Entré muchas veces en combate.

P:-¿Cómo era aquella Canarias?

Daba miedo. La juventud ahora no podría imaginar cómo era aquello. En mi familia escapábamos más o menos porque teníamos unos terrenitos. Se trabajaba de sol a sol y casi todo el mundo estaba relacionado con la agricultura, la ganadería o la pesca. Yo mismo bajaba a la costa en busca de pescado. La comida se daba por raciones. Me acuerdo que los cereales venían de Argentina y se pasaba hambre. Luego me casé y no había forma de mantener a toda una familia. Por eso me embarqué en el Telémaco.

P:-¿Cómo lograron que el Telémaco eludiera los controles?

El alcalde, Salvador Casanova, estaba puesto por Franco, pero él colaboró y un hermano, Jaime, fue uno de los organizadores. Es que en el pueblo éramos una familia y nos ayudábamos unos a otros. En el pueblo lo sabía todo el mundo, pero nadie dijo nada por temor a que se enterara la Guardia Civil. Se dio la casualidad de que el gobernador civil estaba esos días en La Gomera preparando una visita de Franco. Pero Salvador, que sabía lo que estábamos tramando, se lo llevó a comer a Arure para evitar que nos viera. En Valle Gran Rey estaba fondeado un barco de guerra. Nosotros nos hicimos a la mar y esperamos a ver cómo el de guerra pasaba para San Sebastián[5]. Por silbos nos avisábamos de que venía la Guardia Civil o algo iba mal. Los guardias no se enteraban, aunque decían que ya había empezado la telefonía sin hilo.

TELÉMACO-1

P:-¿Cuánto pagó?

5.000 pesetas. Era mucho dinero teniendo en cuenta que al día lo más que se ganaba eran siete. Me las prestó un hermano. El que no tenía dinero ponía una vaca, un cochino, papas o lo que fuera. A los animales los mataban allí mismo, en el muelle, y se subían a bordo. Yo embarqué en San Sebastián el 5 de agosto de 1950. Me acuerdo perfectamente. Estaba en casa y me fueron a avisar de que salía el barco. Con la misma, me fui para allá. Sólo llevaba una maletita con unos andrajitos: un pantalón, una muda y más nada. Apenas me dio tiempo de despedirme. Dejé a mi mujer con una hija de dos años. El barco siguió camino cogiendo gente de Agulo, Valle Gran Rey o Hermigua. Y a continuación se fue a Taganana, Tenerife, a buscar al capitán. El capitán quería meter a más gente, pero llegan a dejarlo y no llegamos a Venezuela. Iba tan lleno el barco que te asomabas en la cubierta con un cacharrito y cogías agua. El capitán volvió a tierra y no lo vimos más.

P:-¿Iba con algún permiso?

Ni yo ni nadie. Íbamos sin nada.

P:-¿Cómo fueron los primeros días?

Íbamos tranquilos. Había agua, alimentos y esperanza. Hubo hasta parrandas. Recuerdo que uno de los temas que sonó fue Allá en el rancho grande y canciones así, de la época. Yo no tocaba ningún instrumento ni cantaba. La tranquilidad permaneció hasta que se terminó el combustible. No duró muchos días. Entonces, tuvimos que ir a vela, como Cristóbal Colón. Luego vino el temporal. Fue terrible. Perdimos todo lo que había en cubierta: agua, papas, gofio[6], carne… Las barricas del agua se soltaron pues estaban causando problemas. Se terminaron rompiendo. Recuerdo que había un pastor, Isidoro, que lo pasó especialmente mal. Estaba todo el rato mareado. En la bodega se refugiaron los que cabían, que no eran todos. Pero luego se fueron sumando los que caían a ella por el temporal. No vi nunca nada igual. El huracán llegó por la noche y duró hasta la mañana. Olas, truenos, relámpagos, lluvia… La gente, abajo, pegaba la boca a la madera para coger algo de agua.

P:-¿Dónde estaba usted?

Lo pasé en cubierta. Me ofrecí voluntario a colaborar. No podía estar de pie, porque si no terminaba en el agua. Aguantaba los cabos, retiraba obstáculos, echaba una mano en lo que fuera… Mira que pasamos hambre después. Comíamos gofio que había quedado con gusanos. Hubo gente que mezcló el gofio con agua salada. Yo no tuve esa necesidad porque como iba de ayudante de la tripulación me tocaba un poco más de ración de agua que los pasajeros.

P:-En medio de todo apareció un petrolero español. ¿Les ayudaron?

Sí, el Campante, pero se apartaba cuando nosotros nos intentábamos acercar. Nos dijeron por megafonía que no nos acercáramos y nos indicaron dónde estábamos. Después de la tormenta, quedamos a la deriva. Nos dijeron que fuéramos a Barbados porque era la tierra más cercana. Pero, algunos dijeron que a Barbados no porque eran islas inglesas y nos devolverían a España. La otra opción era Martinica. Hubo una sublevación. Pero, uno de los momentos cumbres se produjo cuando vimos tierra y llegamos a Martinica. Estábamos desesperados y aquello fue tremendo. Nos dieron comida y nos trataron muy bien. Era la primera vez que muchos veíamos a negros. Y se volcaron con nosotros.

P:-¿Cómo los recibieron en Venezuela?

A todos los que llegábamos nos acusaban de comunistas. Eso se los había dicho Franco. En el fondo, no les faltaba algo de razón, porque la mayoría huía de alguna manera de la dictadura. México, tenía simpatías con los republicanos españoles y llegó a reclamarnos. A Venezuela no le quedó más remedio que aceptarnos. Algunos, al llegar a La Guaira, saltaron al puerto para escapar de las autoridades. Muchos volvieron. Nos habían aconsejado que no nos fugáramos. Sólo detuvieron y metieron en la cárcel de Caracas a los marineros. Yo escapé porque a pesar de que les había ayudado, no formaba parte de la tripulación. Me llevaron como a los demás a la isla de Orchila, donde guardaban el ganado en cuarentena.

P:-¿Cómo lo pasaron en Orchila?

Allí había que comer en la costa: lapas, burgados, pescado… Así escapamos. No nos tenían encerrados. Es que no hacía falta que nos vigilaran; no había por donde escapar. Dormíamos donde ponían al ganado, en el suelo y sobre paja. Aparte, una vez en semana venía un barco a traernos comida. No estábamos sólo los del Telémaco. Había canarios de otros barcos que habían llegado poco antes que nosotros. Seríamos más de trescientos o cuatrocientos de todas las Islas. Recuerdo a los palmeros del Anita o a los grancanarios del Doramas. Estábamos repartidos en distintos pabellones, todos con las mismas ropas con las que habíamos partido. En mi barco nadie se quedó desnudo, pero por respeto a la muchacha, a Teresa, la única mujer a bordo. Estuvimos allí más o menos un mes. Un día nos vinieron a visitar del gobierno venezolano y nos preguntaron a qué nos dedicábamos. Buscaban agricultores. Entonces fue cuando nos llevaron al Trompillo, al que llamaban hotel de emigrantes, que eran en verdad barracones, para que nos arreglaran los papeles. Y de ahí pasamos a cortar caña a la Central Matilde.

P:-Cuentan que no se adaptaron a las técnicas de cortar caña.

Es el trabajo más malo que he hecho en mi vida. No duré más de una semana. Encima de las duras condiciones, nos cobraban tres bolívares diarios por la comida. Nos pagaban una miseria. Hubo un momento en que nos dieron un dinero y cada uno se fue adonde quiso. Yo me fui a Caracas, luego a La Guaira a dar con un concuño mío. Él me consiguió un trabajo en un bar. En el mismo bar dormía y comía. Estuve quince días sin cobrar una perra. Me quedé dos o tres meses y empezaron a pagarme. Entonces, me fui a dar a Caracas con un hermano mío, Antonio, que también vino en el barco y que no aguantó ni un sólo día en la Central Matilde. Él pobre Antonio ya falleció.

P:-¿Qué hizo entonces en Caracas?

Allí me asenté. Me puse a trabajar en una estación de servicio hasta que volví a Canarias. Vine en el ´55 en un barco italiano. Regresé al poco a Venezuela, pero ya con mi señora. Ya ahí sí tenía permisos y hasta pasaporte. Dejé aquí a una hija con mi cuñada. En esa segunda ocasión estuve hasta el 68, trabajando siempre en la estación de servicio. Lo intenté también durante un año en Uruguay, pero allá se ganaba poco. Volví a Venezuela, donde no nos fue mal, cogí unas perritas, me vine para Tenerife, compré un taxi y hasta que me jubilé.

P:-¿Mantiene contacto con los otros supervivientes?

No. Bueno, el otro día llamé a uno que era marino, pero estaba enfermo. Vive por Tíncer, aquí en Tenerife. Ya no quedamos muchos. Cada uno se buscó la vida por su cuenta. Ninguno se hizo millonario, que sepa. Éramos trabajadores. Se ganaba poco, pero los ahorritos se incrementaban cuando volvías por el valor del bolívar. Tuve dos hijos más en Venezuela.

P:-¿Cómo ve la llegada actual de africanos a Canarias en idénticas circunstancias a aquellas?

No critico que vengan ellos. Ahora están mal y hacen lo mismo que hicimos nosotros. Es que a Venezuela fueron barcos y barcos con canarios, todos cargados hasta los topes.” [7]

Nota: las fotografías del Telémaco y sus tripulantes han sido extraídas del libro de José Marrero y Castro, Ricardo García Luis, Lorenzo Croissier, Así se hicieron a la mar. El Telémaco, Santa Cruz de Tenerife, Editado por Marrero y Castro, 1989.


[1] José Chinea Chinea: emigrante canario nacido en 1919 y fallecido en Tenerife a los 91 años de edad.

[2] Barrio de la ciudad de San Cristóbal de la Laguna en Tenerife.

[3] Navarro Rolo, Manuel, Décimas. Narración histórica de un viaje transoceánico desde La Gomera Islas Canarias a Venezuela en el Motovelero “Telémaco”, s/e, s/d. [Para quien esté interesado, es posible leer las Décimas completas en la Web de la Asociación Cultural y Folklórica Chácaras y Tambores de Guadá: http://www.gomera.com.es/El%20Trastero/D%E9cimas%20del%20Telemaco.htm, Página Web consultada el 8/1/2013.]

[4] Valle Gran Rey es un municipio español ubicado en el oeste de la Isla de La Gomera. Téngase en cuenta que la Comunidad Autónoma de Canarias está formada por un conjunto de 7 islas principales y territorios insulares. Las 7 islas son: El Hierro, La Gomera, La Palma y Tenerife, que en su conjunto componen la provincia de Santa Cruz de Tenerife; y Fuerteventura, Gran Canaria y Lanzarote que integran la provincia de Las Palmas.

[5] José Chinea se refiere al puerto de San Sebastián de La Gomera situado en la isla de La Gomera, la que a su vez pertenece a la provincia de Santa Cruz de Tenerife.

[6] El gofio era el alimento que consumían los guanches, aborígenes canarios, aunque su origen es bereber. Se trata de una harina tostada y molida que ha sido base del sustento alimentario de los canarios durante la Guerra Civil y durante su etapa de emigrantes clandestinos con destino a América porque éste no sólo se podía conservar en buen estado -siempre que se lo mantuviera alejado de la humedad-, sino que además aportaba calorías y era muy rendidor.

[7] La entrevista salió publicada en la Sección Sociedad del diario La Opinión de Tenerife, el domingo 4 de noviembre de 2007.

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