¡La Liga vive!

¡La Liga vive!

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Iván Cabrera Cartaya  Reconozcamos que hubiera sido decepcionante por demasiado fácil, me refiero a que el Madrid hubiese ganado su partido aplazado en Valencia el pasado miércoles, poniéndose a cuatro puntos del Barcelona y aún con un partido pendiente contra el Celta en Vigo. La reacción o la resurrección de un Valencia hoy irreconocible ha sido un soplo de aire fresco, un aliento de vida para casi todos y, si no ¿qué hacemos durante quince jornadas que le quedan al campeonato con un líder tan aparentemente rocoso e infalible?, ¿qué otra cosa que aburrirnos y aguardar la crónica mortífera de un campeón anunciado? Así que ¡Amunt València!, y gracias por esos primeros diez minutos vertiginosos. Los ganchos ganadores a la mandíbula malva del Real que ejecutaron Simone Zaza y Fabián Orellana son agua bendita para la salud del fútbol. Esos dos golazos nos vienen a recordar que nada ni nadie es invulnerable.

Tras años confusos de dudas y cambio de presidentes y entrenadores, el club che parece que va reconduciéndose poco a poco, hallando una orientación. Falló Prandelli, el verano pasado vendieron a Mustafi, André Gomes y Paco Alcácer; pero el Valencia ha podido mantener a Diego Alves, José Luis Gayá, Joao Cancelo, Enzo Pérez, etc; además ficharon a Eliaquim Mangala y a Ezequiel Garay, dos centrales de renombre internacional que quizá hasta el partido contra el Madrid no habían ofrecido su verdadera medida. A cambio de Alcácer, el equipo de la ribera del Turia se llevó a Munir, un delantero joven, técnico, muy prometedor que, tras debutar con el Barça en primera, busca —y está encontrando— partidos y confianza con Voro: a Munir, calidad le sobra.

Pero yendo más allá de estos nombres, al Valencia lo que le funcionó muy bien fueron sus movimientos en el mercado de invierno; una apertura de mercado que muchos equipos no utilizan porque se suele comprar caro y mal que, sin embargo, ha servido para llevar a Mestalla al italiano Simone Zaza y el chileno Fabián Orellana, dos delanteros bulliciosos, con ambición y mucho gol en unas botas que ayer sirvieron para despertar a patadas a esta liga. Ha tardado mucho, pero creo que esta vez el Valencia acertó, al menos lo suficiente para ganarle al Madrid y alejarse un poco más del descenso. ¿Descenso? Sí, desgraciadamente los levantinos andan en esas. Uno le echa un vistazo a su plantilla y a la categoría de sus jugadores y no se lo puede creer; pero lo que arranca torcido o descabezado, difícilmente se endereza o encuentra sentido al paso de los partidos. El Valencia carece de un proyecto deportivo, una idea global de lo que quiere y a lo que aspira; pero para este año ya es tarde: veremos qué pasa la temporada que viene, pero su historia, sus jugadores, su estadio, su masa social… le exigen que esté siempre entre los cinco primeros.

En cuanto al Madrid, Marcelo, Casemiro y Zidane achacaron la derrota a la falta de concentración inicial, una empanada mental de diez minutos que no supieron remontar durante los ochenta restantes. ¿De verdad, es sólo eso? Yo creo que no, creo que ésa es una respuesta demasiado fácil, una salida rápida por la tangente que no explica, al menos no del todo, el que un Real Madrid carísimo y campeón de Europa y del mundo, no lograra sobreponerse a dos goles tempraneros del, en estos momentos, decimocuarto equipo de la liga española. Admitamos diez minutos de despiste como animal de compañía, pero lo raro era aquella racha de cuarenta partidos sin perder que sólo quebró el Sevilla de Sampaoli.

Nos guste o no, a los blancos hay que reconocerles un plus: una suerte de aura o ventaja metafísica, una fuerza indetectable que le da su historia, su camiseta o lo que sea. Al Madrid se le podría aplicar aquello que se decía de los yankees de Nueva York: muchos partidos los ganan sólo con las rayas de la camiseta. En el caso de los merengues, la nívea pureza de su indumentaria deslumbra o ciega a sus rivales hasta ganarles de forma incomprensible: que se lo pregunten a un Deportivo que salió derrotado de forma vergonzosa del Bernabéu; pero el Madrid, que tiene una gran plantilla y grandes jugadores, tampoco es para tanto. El Valencia ganó porque el Madrid ya no tiene bajo palos a uno de los mejores porteros del mundo, porque Raphael Varane a veces parece regular y a veces muy malo, porque Marcelo es un mal defensa y un magnífico lateral ofensivo, etc. Además de eso, Benzema es un jugador fantástico, sobre todo técnicamente; pero no es un goleador, y Cristiano Ronaldo ya no es tan Cristiano Ronaldo como antes: ni en goles ni en desborde ni en velocidad. De Bale ya sabemos que es un jugador muy rápido que, entre lesión y lesión, a veces juega.

Me queda Toni Kroos, un jugador que juega siempre, un titular indiscutible al que yo jamás he visto ni tan titular ni tan indiscutible como se vende. Me parece que con un criterio muy razonable el Barca no se interesó en su fichaje. El miércoles, por encima de todos ellos, brilló un hombre: Dani Parejo, la que fuera estrella de la cantera madridista el miércoles se irguió, técnico, generoso en el esfuerzo, físico, por encima de todos los mediocampistas que el Madrid fichó antes de dejarlo jugar a él. La historia es vieja y conocida, hay una ceguera en Chamartín para ver a sus canteranos en casos flagrantes: José Luis Pérez Caminero, Samuel Eto´o, José Manuel Jurado, Borja Valero, Roberto Soldado, Javi García, Filipe Luis, Juanfran, Álvaro Negredo, José María Callejón, Juan Mata… En fin, que la criatura o la liga ¡vive!, y que queda mucho por ver hasta finales de mayo. El fútbol se parece a la vida: debe ser imprevisible y emocionante para ser algo.

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